¿Qué opinas sobre la implicación política de los artistas?

Eso que pone en el título me preguntaban los de Nativa.cat, y se lo preguntaron a unas cuantas personas más relacionadas con el mundo artístico.
El artículo original, obra de Cristina Tascón y Xavi Urbano lo podéis leer aquí:

Parte 1 | Parte 2 (los dos en catalán).

Y lo que respondí (que me quedé super a gusto, lo confieso), fue esto:

Rubén Pozo Usieto. Músico. El Chico con la Espina en el Costado.

Sospecho de los que se acercan al poder y sospecho de los que gritan contra el poder, y sospecho porque no considero que esa sea la función de un artista. Diría que estos dos prototipos están más interesados en el asalto al poder que en cambiar realmente las cosas.

El poder de influencia de la esfera artística sobre decisiones cotidianas políticas (leyes, presupuestos…) es ínfimo, y creo que es apuntar al lugar equivocado. Donde de verdad es potente el arte es creando realidades futuras alternativas, imaginando cual podría ser el camino a seguir como sociedad, el clásico papel de los intelectuales que han perdido en favor del todopoderoso mercado (antes fue la iglesia). Debemos recuperar ese papel creador del arte en la sociedad, pero claro, para conseguir eso antes deberíamos recuperar el poder de la política, actualmente la política no es más que una herramienta de gestión ya que la ideología y las decisiones importantes vienen siempre dadas desde ámbitos supraestatales. Si los estados (por lo menos los paises de la OCDE) y la política no crean, sólo gestionan, ¿Cómo van a poder crear los artistas que se implican en política? Para mí no son más que propagandistas, tanto los que hacen con su dedo el signo de la ceja, como los que escupen contra el poder establecido juegan al mismo juego.

La función más importante del arte según esta óptica sería tratar de crear un estado de opinión para cuestionar el sistema de poder (y reparto del mismo) en el mundo, más que posicionarse a favor o en contra de alguien, es decir, ir conformando una ideología que poco a poco pueda ir ascendiendo e impregnándolo todo. Esa es la capacidad que tiene el arte para transformar la sociedad y esa es precisamente una de las funciones que ha perdido -o le han extirpado- al mundo de la cultura.

El anterior párrafo puede parecer pretencioso, pero en realidad el arte (o mejor, la cultura) es más poderoso de lo que creemos, partamos de algo tan inocente como el costumbrismo instalado en el nuevo pop catalán. ¿Qué pasa cuando tresmillonesymediodegrupos hacen letras costumbristas, sedosas y incapaces de provocar la mínima perturbación? Pues que se va creando poco a poco una sociedad domesticada, anestesiada, de pensamiento único y débil y poco preocupada por la creación de nuevas realidades o nuevos futuros hipotéticos, alejada de la esfera de decisión y por tanto, del poder, eso no es arte, es ocio, y el ocio en la actualidad es un instrumento del mercado para llenar el vacío ideológico dominante (que como bien nos recuerda Slavoj Zizek no es un vacío, es más bien una cortina de humo). Es una droga sedante, que hace uso del poder emocional del arte pero que se deja por el camino su poder transformador.

El arte tiene que volver a ser sustancial o no será, bueno, será, pero será entretenimiento y ocio, emoción sin contenido, pura estética, arte no transformador.

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